Publicado el 20 octubre, 2025 por Juan Lencioni
Un corte global en Amazon Web Services (AWS) dejó offline a plataformas de todo tipo: servicios de streaming, apps de pagos y hasta exchanges de criptomonedas. El incidente nació en el centro de datos US-East-1 — el más crítico de Amazon— y su impacto se sintió en cuestión de minutos en medio planeta.
¿Por qué afectó a las cripto?
Aunque Bitcoin y Ethereum no dependen de servidores centrales para existir, el acceso del usuario sí pasa por intermediarios: exchanges, wallets custodiales y servicios de infraestructura que —en muchos casos— corren sobre AWS.
Cuando Amazon se cayó, muchas plataformas dejaron de operar con normalidad: transacciones trabadas, retiros pausados, interfaces inaccesibles. Incluso hubo un leve retroceso de precios en BTC y ETH, prueba de que el nerviosismo no tardó en aparecer.
El mito de la “descentralización total”
El episodio dejó al desnudo algo que el ecosistema tiende a ignorar: gran parte del andamiaje que usamos para interactuar con las cripto sigue dependiendo de empresas centralizadas. Las blockchains son descentralizadas, pero las puertas de entrada no.
Este “punto único de falla” contradice la narrativa purista que da por sentado que el sistema ya está blindado contra cortes, censura o fallas externas. La realidad es más gris: estamos en una etapa puente.
¿Qué podría cambiar a partir de ahora?
Este tipo de eventos suele acelerar debates y decisiones:
- Migración hacia nubes descentralizadas (como Filecoin, Akash, etc.)
- Arquitecturas híbridas que no dependan de un único proveedor
- Mayor inversión en redundancia y resiliencia
No será inmediato. La nube descentralizada todavía no está al nivel de AWS en escala y performance. Pero cada apagón como este empuja un poco más la aguja hacia soluciones distribuidas.
Conclusión
La caída de AWS fue un recordatorio brutal: el ecosistema cripto todavía tiene talones de Aquiles. La descentralización no es un atributo binario —es un camino en construcción— y mientras las “puertas de entrada” sigan concentradas en pocas manos, los riesgos sistémicos van a seguir ahí.
No hizo falta un ataque ni una regulación hostil para revelar la fragilidad. Bastó que un proveedor de nube estornudara… y el mercado entero agarró el pañuelo.




